cAMPESINA, campesina

Detalles

Datos estreno:
19 sept 2026 | Plaza de los Artesanos. Casa Museo del Campesino. Centros de Arte, Cultura y Turismo del Cabildo de Lanzarote. | COPRODUCCIÓN. Proyecto seleccionado en la convocatoria de PROYECTOS CULTURALES CACT LANZAROTE 2026-2027

Género:
Artes escénicas

Duración:
40

Ficha técnica

Dirección Artística y Elenco:
Quino Falero
Música original de Benito Cabrera; Coreografía e interpretación de danza: Vanessa Medina y Ángeles Padilla; Dramaturgia de Quino Falero

Público:
Todos los públicos

Dos bailarinas encarnan dos rostros de nuestra tierra: dos campesinas vestidas con indumentaria tradicional, una de blanco y otra de negro. La figura vestida de blanco remite a la mujer joven y a la gorra tradicionalmente conocida como gorra de soltera. Frente a ella, la campesina vestida de negro encarna el contrapeso de la edad, el desgaste, la experiencia y la madurez, frente a la mocedad evocada por la figura vestida de blanco. Ambas son portadoras de la memoria insular. A través del movimiento evocan el trabajo en el campo, la resiliencia de la mujer campesina y el paisaje humano de la isla. Sus cuerpos trasladan al presente unos gestos, unos ritmos y una relación con la tierra que forman parte de la memoria colectiva. Las campesinas ocupan un mismo espacio y construyen una imagen dual. El blanco y el negro no las distancian: establecen un juego de contraste, correspondencia y complementariedad. Son dos figuras distintas y, al mismo tiempo, dos expresiones de una misma memoria femenina, necesaria para comprender el presente y capaz de ejercer una función reflexiva y sanadora. La danza contemporánea transforma el legado tradicional sin borrarlo. La música original de Benito Cabrera acompaña ese tránsito entre memoria y creación actual, mientras la luz natural proyecta sobre el suelo una segunda escritura: las sombras móviles de las intérpretes expuestas al sol. «CAMPESINA, campesina» recupera la memoria de esas mujeres que participaron activamente en el trabajo de la tierra y que, junto con los cuidados, la organización familiar y la transmisión de conocimientos, sostuvieron buena parte de la vida cotidiana de las comunidades insulares. Convierte así la imagen popular de la mujer campesina en una presencia escénica viva. Una figura femenina, sostén y matriarca de su tierra, procedente del pasado que regresa al espacio público para ser contemplada desde el presente, porque, en esencia, nunca llegó a desaparecer: permanecía en la memoria colectiva, a la espera de ser reconocida sin sesgo de género.